Celos y rivalidades entre hermanos

 

Los celos son la inquietud, sospecha o temor de que la persona querida prefeira a otro más que a mí. Los padres en el caso de los niños. Un día el niños se pregunta ¿Por qué prefiere al otro más que a mi? Qué tiene el otro que no tenga yo?. Entonces puede aparecer la envidia, el pesar por el bien ajeno. En los adultos es autonoma de los celos, pero puede estar arraigada en celos infantiles mal elaborados, o prccesos muy primarios.

Puede generar actitudes diferentes: un malsana, desear que el otro disminuya para superarle, y otra más sana, el deseo de crecer, superarse, dar lo mejor de sí mísmo.

Con la envidia la rivalidad está servida, superar al otro como sea, verlo debajo de uno.

Hay una rivalidad entre hermanos normal, en la cual aprenden a defender su espacio, derechos, negociar, debatir, ceder adecuadamente,  aunque las peleas agoten a los padres,..A veces buscan que los padres intervengan, y estos deben valorar si es mejor o no ,pueden alimentar más peleas, impedir que ellos aprendan,...

Cada  hermano puede estar buscando su espacio.

Pero hay rivalidades que tiene su origen en las preferencias de los padres. Es algo que se lleva dentro y no se olvida nunca. Los niños disputan por cosas entre sí, pero mucho por el afecto de los padres. Es normal.

Ante las disputas por los celos normales no conviene que los padres pierdan la calma, ni querer arreglarlo a corto plazo. Son actitudes propias del egocentrismo infantil que irán desaparenciendo. Pero procurren no acentuar, y distrubuir el amor incondicionalmente entre todos sin marginar. Explicar al celoso que no se le margina por no tener algunas cualidades. De pàlabra pero sobre todo con la actitud.

 

La situación es grave cuando afecta a la autoestima del niño. Que comienzan a gestar actitudes internas: Si no me quieren yo tampoco les quiero. Con sentimiento de culpabilidad y angustia, que genera muchas contradicciones con las personas a quien ama. Sentientos encerrados, sin poder verbalizarse que lastan la madurez afectiva.

A veces se manifiestan en altercados muy llamativos, o en distanciamiento entre hermanos, rupturas.
A  veces son difíciles de detectar, pero están minando la autoestima del niño., profundizando en su egocentrismo. Quizá los mismos padres sufren esa situación y la reproducen con los hijos.

Las actitudes de los padres influyen notablemente. Los niños, muy atentos, ven como hay diferencias en el hogar, celebraciones, regalos, concesiones,...No se fijan tanto en el contenido como en el modo. Y de ahí sus deducciones, a veces más dramáticas de lo que parece: No me quieren tanto! Los padres pueden preguntarse: ¿Favorezco a alguno? ¿Cual es mi hijo anónimo? ¿Compenso mis problemas de pareja con la preferencia hacia algún hijo?

A veces también ocurre que son los hijos quienes tienen dificultades para elaborar sus propias etapas demaduración, egocentrismo no resuelto, anclados en etapas edipicas, simbioticas,...Dificultades para aceptar el éxito de los hermanos...

Algunas soluciones que pueden intentar los padres:

Examiearse si su actitud es adecuada para todos.Sinceridad y auto evaluación.

Esfuerzo por otorgar cariño y atención extra al celoso, parece huraño pero es quién más necesita. Aveces  mucho tiempo

Aprender a valorar no solo el éxito académico, sino otras cualidades.

Verbalizar los sentimientos.Los niños dificiles tienen sentimientos difíciles, a presión, distorsionando su conducta. La conversación y la escucha, sin esperar nada, puede dar la oportunidad de acercamiento. Y poder ir entendiendo.

Cuidar la igualdad de trato, contranquilidad y si es necesario compensar los fallos, de corazón.

Fomentar la generosidad y la solidaridad, Antídotos de los celos. Fomentar lo positivo. Con persuasión amistosa y personalizada.

Oscar Espín Milikua
Psicólogo en Bilbao