Enviar a los Niños a Campamentos de Verano

En estas épocas vacacionales es común el enviar a los niños a campamentos de verano, lo cual puede suponer una fuente de estrés tanto para ellos como para los padres.

Los promotores y responsables de campamentos de verano y los expertos en psicología infantil han tratado los problemas derivados de esta situación desde sus comienzos.

La añoranza o nostalgia del hogar es un proceso psicológico normal en cualquier persona separada del entorno familiar, con cuadros de tristeza y melancolía que se acentúan en los niños y jóvenes de menor edad, y especialmente en personas con una menor experiencia en este tipo de alternativas vacacionales, suponiendo siempre una interrupción momentánea en lo que debería ser una experiencia positiva y satisfactoria.

Como es lógico, existen estrategias y formas de abordar el fenómeno. Y sugerencias para minimizar o incluso prevenir su aparición mediante prácticas y tomas de decisión antes de enviar a los niños a su destino.

  • Realizar un estudio de posibles problemas junto con el niño antes de que se presenten. Se hace aconsejable dedicar algún tiempo a estudiar el plan de vacaciones, informar al niño de la naturaleza de las mismas, el estilo de vida que encontrará, las actividades a realizar y los cambios con respecto a la vida en el domicilio familiar; incluyendo visitas a páginas web, visita previas a campamentos, etc.
  • Informar al niño del propósito vacacional y lúdico de la actividad. Animar al niño a programar la participación en las actividades en el campamento de verano, la posibilidad de nuevos amigos y relaciones, aprendizaje de cosas interesantes y diversión garantizada y merecida.
  • Preparar al niño para la experiencia. El permitir – por ejemplo – que pase la noche en casa de amigos o algún fin de semana con familiares puede ser una excelente preparación psicológica para estancias más prolongadas fuerza del domicilio paterno.
  • No mencionar ni dar instrucciones sobre hechos o problemas poco probables. Salvo que el niño incida o pregunte específicamente sobre tal o cual posibilidad desagradable o temible, no deben sugerirse como posibles situaciones con poco margen de ocurrencia en la práctica.
  • Tomar decisiones sobre la solución ante primeros problemas. Debido a la generalmente corta temporalidad de este problema psicológico, casi nunca es aconsejable más que una conversación telefónica con el niño animándole a permanecer en las instalaciones.
  • Preparar un plan ante situaciones de mayor gravedad. Ciertamente existen casos basados en el perfil psicológico del menor que determinan una peor y más prolongada respuesta negativa a la estancia fuera de casa, con cuadros de falta de sueño, pérdida de apetito, llanto incesante, etc., que requerirán de una atención más decidida y preferiblemente planificada antes de iniciar la estancia.

No obstante, los efectos emocionales y psicológicos de estas estancias no se dejan sentir únicamente en los niños, sino también en los padres, que afrontan la separación momentánea de los hijos con mayor o menor estrés, ansiedad y preocupación, llegándose incluso a situaciones de cierto malestar.

Las soluciones pasan por los mismos conceptos de preparación, asimilación de conceptos y planificación de situaciones y procesos psicológicos previsibles.

  • Preparación lógica y moderada ante circunstancias y posibles problemas. Puesto que existen la posibilidad de que se produzcan situaciones inesperadas, accidentes y enfermedades, es correcto considerarlos como posibilidad. Aunque nunca hasta el punto de llegar a un proceso de preocupación obsesiva que, además de distorsionar la realidad y percepción lógica, crea ansiedad. En su lugar, se impone la mesura a la hora de anticipar soluciones y acciones ante los hechos más probables en lugar de anticipar lo poco frecuente.
  • Planificar los primeros días sin la presencia del menor. La experiencia de un hogar sin los hijos pequeños puede ser estresante para los padres en sus primeros días, que deben ser planificados con actividades y programas que eviten situaciones de excesiva consideración o preocupación.

Son situaciones problemáticas que llevan afrontándose desde hace muchos años por profesionales dedicados a la psicología y desarrollo infantil y las relaciones parentales, y que pueden evitarse o mejorar con ayuda especializada.

Oscar Espín Milikua
Psicólogo en Bilbao