Recuperar la relación de pareja


Los miembros de una pareja pueden convertirse en desconocidos si no cuidan su relación.

Los miembros de una pareja pueden convertirse en desconocidos si no cuidan su relación.
La relación de pareja se comporta como un ser vivo que cambia con el tiempo, envejece y puede morir prematuramente si no la cuidamos lo suficiente. Mantenerla en buen estado lleva tiempo y trabajo. Pasada la primera etapa de la convivencia, se puede pensar que nuestra pareja ha cambiado, que no es como antes. Quizá sea cierto, pero quizá lo que ha cambiado es nuestra manera de mirarla. No estaría mal reconquistar la intensidad y el bienestar que sentíamos al principio. Las razones por las que amamos, en gran medida inexplicables, se deben a los movimientos inconscientes de nuestros deseos. Ellos nos conducen hacia una u otra persona. Al comienzo de una relación somos conquistados por una avalancha de afectos que nos hace sentir felices. Después surgen los conflictos que hay que superar para reconquistar el lugar que deseamos tener junto a él y que él tenga junto a nosotras.

Señales de abandono

En ocasiones, la idea de que ya no le atraemos guarda bastante relación con el hecho de que hemos ido retirando nuestro deseo de él. La ambivalencia hacia la pareja puede surgir y entonces conviene preguntarse, igual que hace Lucía mientras observa a Enrique, dormido junto a ella: “¿Le sigo queriendo? ¿Estoy con él por costumbre o todavía queda algo de amor?”. Habían pasado las navidades y Lucía había hecho todo lo posible para que tanto su marido como sus hijos se sintieran bien. Pero, a pesar de estar rodeada de los suyos, seguía sintiéndose sola. El malestar principal provenía de la relación con su pareja, con la que cada día tenía menos comunicación. Él, enfrascado en su trabajo, cada día llegaba más tarde a casa y no quería enterarse de los problemas de los hijos, o de las dificultades que ella tenía en su propio trabajo. No escuchar lo que ella le decía era la mejor forma de no enterarse de nada. Lucía no se sentía reconocida en su trabajo y eso le dolía. Además, se sentía un poco abandonada. Enrique ya no se fijaba en ella, no apreciaba que se cortara el pelo, que adelgazara... Pensaba que ya no la quería como antes.

¿Qué les había pasado? Ella le seguía queriendo, por eso le dolía que cada día pasaran menos tiempo juntos. ¿Tendría que reconquistar a su pareja? Lucía pasó la infancia oyendo los reproches que su madre dirigía a su padre por trabajar poco y sufrir, en ocasiones, dificultades económicas. Enrique, lejos de parecerse a su padre, era un hombre muy activo y se ganaba bien la vida, aunque a base de echarle muchas horas. Lucía siempre había valorado mucho ese aspecto de su marido. Sin embargo, ahora le parecía que era una manera de estar menos con ella. Su padre era un hombre cariñoso, pero nunca les había dado seguridad económica. Enrique le había dado tranquilidad en ese terreno, pero le costaba expresar los afectos. La carencia que sintió en relación a su padre aparece ahora en relación a su pareja justo en aquello que él no le puede dar. En lugar de valorar lo que hace, aparece lo que no le da. Ella, en alguna medida, se ha alejado de él por no aceptar que su manera de expresar el cariño es, precisamente, trabajar mucho para su familia. La idealización que Lucía mantiene hacia su padre y la negación de todos los conflictos que este provocó, le impiden valorar en Enrique lo que la condujo a él: su capacidad de trabajo.

Adaptarse a los cambios

Los miembros de una pareja, por mucho que se hayan querido, pueden devenir en dos desconocidos si no cuidan su relación amorosa. Tienen que adaptarse a los cambios. El amor evoluciona, cambia, como lo hacemos nosotros. La vida cotidiana, el trabajo, los hijos... pueden inundar la relación de pareja hasta tal punto de que el espacio reservado para ella desaparezca. Las condiciones de vida tienen efectos sobre nosotros y a esto hay que añadir los cambios internos que, si permanecen inconscientes y no nos damos cuenta de ellos, pueden conducir a un deterioro. Lo que percibimos, entonces, es que la incomodidad se ha instalado entre los dos. Todo esto viene promovido por repeticiones de modelos internos que hemos vivido en la infancia y que reproducimos porque no recordamos la influencia que tuvieron. Decepciones mutuas que no se toleran, deseos frustrados que no se realizan, idealizaciones que no dejan amar al otro tal y como es... Esto le estaba sucediendo a Lucía: después de tantos años estaba empezando a reproducir la relación que su madre tenía con su padre. Acusaba a Enrique de abandonarla afectivamente, pero, en realidad, ella tampoco le apoya ya en su trabajo, y le recriminaba el largo tiempo que pasaba en él.

Buscar el equilibrio

Para reconquistar a la pareja, primero hay que plantearse reconquistar los sentimientos personales que se tienen en la actualidad hacia ella, y después pensar en qué le puede estar pasando al otro para que se haya alejado. El deterioro coincide con la invasión de afectos negativos, no expresados, hacia el otro. El odio, la rivalidad, la rabia que pueden aparecer cuando creemos que el otro no nos comprende o cuando sentimos que nos ha decepcionado. Todos estos sentimientos se dan en una pareja y, si no se reconocen, acaban con el amor.

El otro puede alejarse porque no aguanta algún aspecto nuestro y no lo dice. Nosotras podemos alejarnos porque nos hemos cansado de rasgos suyos que antes no nos importaban. Una pareja estable promueve un equilibrio emocional y ese es el mejor excitante del deseo. Pero no siempre se da esa estabilidad. A veces sentimos al cónyuge como alguien que nos abandona, que nos frustra y censura.

Nos frustra porque, a medida que avanza la relación, vamos queriendo al otro en sus posibilidades y no en las que nosotros queríamos. Hay que aceptarle como es, nosotras tampoco somos tan ideales como nuestra pareja pensaba. Por eso nos creemos censuradas por el otro, cuando en realidad somos nosotras quienes nos exigimos demasiado. Reconquistar a la pareja cuando la indiferencia se está instalando entre ambos supone destapar una caja llena de sentimientos que cada uno ha ido guardando. Quizá la explosión provoque de nuevo el encuentro entre ambos.

¿Qué nos pasa?
Podemos estar enfermas de nostalgia. Idealizar el pasado y vivir ahora la relación sin interés.
Tenemos una cantidad limitada de energía psíquica que repartimos en aquello que deseamos y entre aquellos a quienes amamos. A la pareja también tenemos que dedicarle atención si queremos enriquecer y fortalecer ese vínculo.
La falta de comunicación es uno de los motivos fundamentales que deteriora la relación de pareja. Mejorarla siempre es posible, si cada miembro es capaz de asumir sus conflictos. 
Si nos sentimos alejados de nuestra pareja, es posible que nos hayamos dejado influir por la idea, falsa, de que al amor no hace falta ponerle ningún esfuerzo.
¿Qué podemos hacer?
Revisar el tiempo en que estáis juntos y, si es poco, dedicarle más. El amor necesita dedicación.
Hablar de cómo os sentís cada uno y enfrentar los sentimientos que no os gustan, sin críticas ni reproches, pero sí aceptándolos e intentando resolverlos. Los rencores que se guardan y no se resuelven se traducen en un distanciamiento. Hacer balance de cómo os han ido las cosas juntos y, si es positivo, recuperar algo del pasado.
 Pensar cómo os apetece que sea vuestra vida en pareja y ponerla al día. Hacer proyectos juntos y reconocer en qué os ayudáis y os necesitáis el uno al otro.
La relación de pareja no se hace sola, hay que trabajar por ella y, cuando está herida, hay que intentar curarla, si creemos que merece la pena.

La relación de pareja se comporta como un ser vivo que cambia con el tiempo, envejece y puede morir prematuramente si no la cuidamos lo suficiente. Mantenerla en buen estado lleva tiempo y trabajo. Pasada la primera etapa de la convivencia, se puede pensar que nuestra pareja ha cambiado, que no es como antes. Quizá sea cierto, pero quizá lo que ha cambiado es nuestra manera de mirarla. No estaría mal reconquistar la intensidad y el bienestar que sentíamos al principio. Las razones por las que amamos, en gran medida inexplicables, se deben a los movimientos inconscientes de nuestros deseos. Ellos nos conducen hacia una u otra persona. Al comienzo de una relación somos conquistados por una avalancha de afectos que nos hace sentir felices. Después surgen los conflictos que hay que superar para reconquistar el lugar que deseamos tener junto a él y que él tenga junto a nosotras.

Señales de abandono

En ocasiones, la idea de que ya no le atraemos guarda bastante relación con el hecho de que hemos ido retirando nuestro deseo de él. La ambivalencia hacia la pareja puede surgir y entonces conviene preguntarse, igual que hace Lucía mientras observa a Enrique, dormido junto a ella: “¿Le sigo queriendo? ¿Estoy con él por costumbre o todavía queda algo de amor?”. Habían pasado las navidades y Lucía había hecho todo lo posible para que tanto su marido como sus hijos se sintieran bien. Pero, a pesar de estar rodeada de los suyos, seguía sintiéndose sola. El malestar principal provenía de la relación con su pareja, con la que cada día tenía menos comunicación. Él, enfrascado en su trabajo, cada día llegaba más tarde a casa y no quería enterarse de los problemas de los hijos, o de las dificultades que ella tenía en su propio trabajo. No escuchar lo que ella le decía era la mejor forma de no enterarse de nada. Lucía no se sentía reconocida en su trabajo y eso le dolía. Además, se sentía un poco abandonada. Enrique ya no se fijaba en ella, no apreciaba que se cortara el pelo, que adelgazara... Pensaba que ya no la quería como antes.

¿Qué les había pasado? Ella le seguía queriendo, por eso le dolía que cada día pasaran menos tiempo juntos. ¿Tendría que reconquistar a su pareja? Lucía pasó la infancia oyendo los reproches que su madre dirigía a su padre por trabajar poco y sufrir, en ocasiones, dificultades económicas. Enrique, lejos de parecerse a su padre, era un hombre muy activo y se ganaba bien la vida, aunque a base de echarle muchas horas. Lucía siempre había valorado mucho ese aspecto de su marido. Sin embargo, ahora le parecía que era una manera de estar menos con ella. Su padre era un hombre cariñoso, pero nunca les había dado seguridad económica. Enrique le había dado tranquilidad en ese terreno, pero le costaba expresar los afectos. La carencia que sintió en relación a su padre aparece ahora en relación a su pareja justo en aquello que él no le puede dar. En lugar de valorar lo que hace, aparece lo que no le da. Ella, en alguna medida, se ha alejado de él por no aceptar que su manera de expresar el cariño es, precisamente, trabajar mucho para su familia. La idealización que Lucía mantiene hacia su padre y la negación de todos los conflictos que este provocó, le impiden valorar en Enrique lo que la condujo a él: su capacidad de trabajo.

Adaptarse a los cambios

Los miembros de una pareja, por mucho que se hayan querido, pueden devenir en dos desconocidos si no cuidan su relación amorosa. Tienen que adaptarse a los cambios. El amor evoluciona, cambia, como lo hacemos nosotros. La vida cotidiana, el trabajo, los hijos... pueden inundar la relación de pareja hasta tal punto de que el espacio reservado para ella desaparezca. Las condiciones de vida tienen efectos sobre nosotros y a esto hay que añadir los cambios internos que, si permanecen inconscientes y no nos damos cuenta de ellos, pueden conducir a un deterioro. Lo que percibimos, entonces, es que la incomodidad se ha instalado entre los dos. Todo esto viene promovido por repeticiones de modelos internos que hemos vivido en la infancia y que reproducimos porque no recordamos la influencia que tuvieron. Decepciones mutuas que no se toleran, deseos frustrados que no se realizan, idealizaciones que no dejan amar al otro tal y como es... Esto le estaba sucediendo a Lucía: después de tantos años estaba empezando a reproducir la relación que su madre tenía con su padre. Acusaba a Enrique de abandonarla afectivamente, pero, en realidad, ella tampoco le apoya ya en su trabajo, y le recriminaba el largo tiempo que pasaba en él.

Buscar el equilibrio

Para reconquistar a la pareja, primero hay que plantearse reconquistar los sentimientos personales que se tienen en la actualidad hacia ella, y después pensar en qué le puede estar pasando al otro para que se haya alejado. El deterioro coincide con la invasión de afectos negativos, no expresados, hacia el otro. El odio, la rivalidad, la rabia que pueden aparecer cuando creemos que el otro no nos comprende o cuando sentimos que nos ha decepcionado. Todos estos sentimientos se dan en una pareja y, si no se reconocen, acaban con el amor.

El otro puede alejarse porque no aguanta algún aspecto nuestro y no lo dice. Nosotras podemos alejarnos porque nos hemos cansado de rasgos suyos que antes no nos importaban. Una pareja estable promueve un equilibrio emocional y ese es el mejor excitante del deseo. Pero no siempre se da esa estabilidad. A veces sentimos al cónyuge como alguien que nos abandona, que nos frustra y censura.

Nos frustra porque, a medida que avanza la relación, vamos queriendo al otro en sus posibilidades y no en las que nosotros queríamos. Hay que aceptarle como es, nosotras tampoco somos tan ideales como nuestra pareja pensaba. Por eso nos creemos censuradas por el otro, cuando en realidad somos nosotras quienes nos exigimos demasiado. Reconquistar a la pareja cuando la indiferencia se está instalando entre ambos supone destapar una caja llena de sentimientos que cada uno ha ido guardando. Quizá la explosión provoque de nuevo el encuentro entre ambos.

¿Qué nos pasa?
Podemos estar enfermas de nostalgia. Idealizar el pasado y vivir ahora la relación sin interés.
Tenemos una cantidad limitada de energía psíquica que repartimos en aquello que deseamos y entre aquellos a quienes amamos. A la pareja también tenemos que dedicarle atención si queremos enriquecer y fortalecer ese vínculo.
La falta de comunicación es uno de los motivos fundamentales que deteriora la relación de pareja. Mejorarla siempre es posible, si cada miembro es capaz de asumir sus conflictos. 
Si nos sentimos alejados de nuestra pareja, es posible que nos hayamos dejado influir por la idea, falsa, de que al amor no hace falta ponerle ningún esfuerzo.
¿Qué podemos hacer?
Revisar el tiempo en que estáis juntos y, si es poco, dedicarle más. El amor necesita dedicación.
Hablar de cómo os sentís cada uno y enfrentar los sentimientos que no os gustan, sin críticas ni reproches, pero sí aceptándolos e intentando resolverlos. Los rencores que se guardan y no se resuelven se traducen en un distanciamiento. Hacer balance de cómo os han ido las cosas juntos y, si es positivo, recuperar algo del pasado.
 Pensar cómo os apetece que sea vuestra vida en pareja y ponerla al día. Hacer proyectos juntos y reconocer en qué os ayudáis y os necesitáis el uno al otro.
La relación de pareja no se hace sola, hay que trabajar por ella y, cuando está herida, hay que intentar curarla, si creemos que merece la pena.

Oscar Espín Milikua
Psicólogo en Sestao