Respuestas ante conductas desafiantes

CENTRO DE RECURSOS DE EDUCACIÓN ESPECIAL DE NAVARRA
EQUIPO DE CONDUCTA
_____________________________________________________________________________________________________________________________________________________________
_____________________________________________________________________________________________________________________________________________________________
1
GUÍA PARA RESPONDER ANTE LA APARICIÓN DE CONDUCTAS PROVOCADORAS O DESAFIANTES
DE UN ALUMNO
QUÉ HACER QUÉ EVITAR
Considerar las conductas provocadoras o desafiantes como algo abordable
con planteamientos educativos donde como adultos y profesionales tenemos
la oportunidad de ejercer las mejores cualidades que como educadores
poseemos.
La idea de que el comportamiento del alumno es una afrenta personal, un
ataque del que hay que defenderse.
Emitirnos mensajes internos de calma (“Esta es una situación que puedo
controlar”) y que eviten la activación de nuestra propia reacción colérica
(“Cuidado, estoy empezando a cabrearme”, “Haga lo que haga, lo haré
tranquilo”).
La emisión de pensamientos internos o de comentarios externos que nos
activen negativamente o manifiesten que estamos “entrando al trapo”.
Permanecer quietos o realizar movimientos lentos y guardar silencio durante
unos segundos. Aprovechar para respirar despacio y profundamente. Mirar
hacia un lugar u objeto neutro.
Los desplazamientos inmediatos y rápidos hacia el alumno. Los resoplidos,
suspiros u otros mensajes de irritación. Las verbalizaciones que intentan
“tapar” lo que dice el alumno desafiante, los gritos o las gesticulaciones que
manifiestan sobrecarga o negatividad.
Realizar un “movimiento o acción de transición” (Dejar un objeto en la mesa,
borrar un trozo de la pizarra, por ejemplo), antes de establecer contacto
ocular con el alumno. Aproximarnos a él despacio y con actitud tranquila,
manteniendo una gestualidad y mirada tan neutra como sea posible.
Pensemos mientras nos aproximamos mensajes como “Estoy manteniendo
la calma y eso me ayuda”
Las posturas y actitudes que puedan ser interpretadas como autoritarias,
prepotentes o puedan indicar predisposición a la confrontación. Los
mensajes beligerantes o despectivos, ya sean verbales, mediante gestos o a
través de miradas. La aproximación al alumno mientras nos enviamos
mensajes negativos que aumentan todavía más la tensión o calientan la
situación.

Oscar Espín Milikua
Psicólogo en Bilbao